Conversación
—Siglos que no se te ve, señor relacionista público —dice Norwin—. ¿Estás más contento en el corporativo que en periodismo? —Se trabaja menos —alza los hombros, a lo mejor había sido ese día que el director
—Siglos que no se te ve, señor relacionista público —dice Norwin—. ¿Estás más contento en el corporativo que en periodismo?
—Se trabaja menos —alza los hombros, a lo mejor había sido ese día que el director lo llamó, pide una Cristal helada, ¿quería reemplazar a Orgambide, Zavalita?, él había estado en la universidad y podría escribir notas de prensa ¿no, Zavalita? Piensa: ahí me jodí—. Vengo temprano, me dan mi tema, me tapo la nariz y en dos o tres horas, listo, jalo la cadena y ya está.
—Yo no haría relaciones públicas ni por todo el oro del mundo —dice Norwin—. Estás lejos de la noticia y el periodismo es noticia, Zavalita, convéncete. Me moriré en policiales, nomás. A propósito ¿se murió Carlitos?
¿Cómo iban las cosas por La Voz Empresarial, qué se contaban esos bandoleros? Se quejaban de tu ingratitud, Zavalita, que viniera alguna vez a visitarlos, como antes. O sea que ahora tenías un montón de tiempo libre, Zavalita, ¿trabajabas en otro sitio?
—Leo, duermo siestas —dice Santiago—. Quizá me matricule otra vez en Fotografía.
—Te alejas de la noticia y ya quieres un título —Norwin lo mira apenado—. Las relaciones públicas son el fin, Zavalita. Llegarás a gerente o director de comunicaciones, dejarás el periodismo. Ya te estoy viendo hecho un burgués.
—Acabo de cumplir cuarenta años —dice Santiago—. Tarde para volverme un burgués.
—¿Cuarenta, nada más? —Norwin queda pensativo—. Yo treinta y seis y parezco tu padre. La página policial lo muele a uno, convéncete.
Tomado, por supuesto, de un extracto «Conversación en la Catedral».